viernes, 3 de marzo de 2017

Nos veremos junto al río.

Por Joel García Cobos.

El dolor de separarse de un padre, de una madre, es profundo, cala hasta el alma, como si estuvieras desnudo en medio de un cruel invierno, tiemblas, te rechinan los dientes, no sabes de dónde te llega ese aire gélido, que te envuelve, los recuerdos vienen en una niebla lenta: el último día juntos,  las últimas palabras, las últimas caricias, la última foto, el último regalo, todo lo viviste sin saber que era lo último, y esos recuerdos se vuelven un gran regalo para el alma, porque en vida les demostraste todo tu amor y nada dejaste para cuando ya no ven, ya no saben nada, simplemente duermen.

Mi madre se separó recientemente de mi dos veces, la primera, se fue a vivir al puerto de Veracruz el pasado mes de diciembre, cuando nos despedimos le dije con entusiasmo tratando de ocultar mi pesar: __”Mamita, Dios te acompañe y ayude a renovar tu anecdotario, para que sigas escribiendo en Kaniwá de sucesos recientes, ya vez que a Luis y a varios, nos  gustan mucho tus narraciones.” Contenta me contestó: __”Claro que sí, puedes estar seguro.”

Al principio, no comprendí por qué se quiso ir, pero respeté su decisión, tal vez porque somos muy parecidos y nos gusta la aventura, conocer personas, lugares, observar las hojas de los almendros, el hielo que se forma sobre los pastos secos y en primavera verlos reverdecer y florecer. Yo me daba ánimo, la podría ir a ver en cualquier rato, pero en el fondo me preocupaba que su edad y sus enfermedades podrían jugarnos un mal momento, como sucedió: Se quedó dormidita, y regresó con una gran paz en su rostro.

Mi madre fue increíble: amiga, maestra, guía, agente de viajes; mi hermana Ali me dijo muchas veces: __”Aunque físicamente eres muy parecido a papá, por dentro eres igualito a nuestra madre, y nos reíamos. Sí, nos gustaba leer, escribir, la historia, la geografía, la literatura, platicar, cantar, orar, comentar la Biblia, cultivar plantas, ver documentales de historia, de lugares y personajes, las películas sin violencia; no nos gustaba las matemáticas, el orden ni la disciplina, aunque en éstas 2 ya he adelantado un poco en los 16 años últimos que no vivíamos juntos.

Era amorosa, amaba a la familia, se dedicaba a mi papá y a nosotros sus hijos, tolerante, nos daba de comer muy rico y suficiente, estábamos juntos; luego fue mi primera amiga, platicábamos de todo, incluso varias veces rompimos nuestro marca de horas platicando, hasta 17, con pausas muy pequeñas, no dejábamos títere con cabeza, mi padre se echaba sus siestas y al despertar nos decía: __”¿Y ustedes? ¡Platicando!” Mis hermanos se unían al maratón, pero uno a uno se iba saliendo.

Como maestra fue increíble, asegura que aprendió a leer en el Dictamen y en Selecciones, me contaba lo que había leído en alguna parte, libro, revista, periódico, folleto, como tenía una mente asombrosa todo se le quedaba, anécdotas desde que tenía 4 años, de cine, artistas, arquitectura, costumbres, personajes, de su Alvarado que tanto recordaba, los nombres de sus vecinos, sus compañeras de escuela y de sus maestras; yo incrédulo  le echaba un ojo a la Internet y me dejaba los ojos bien cuadrados; a Poza Rica le tenía gran amor, donde vivió por 62 años, como municipio lo vio en pañales,  crecer y desarrollarse.

La etapa de cuando me enfermé fue muy difícil para ambos, justo antes de irme a estudiar Periodismo a Monterrey; me visitó varias veces, la llevaba orgulloso a esos enormes centros comerciales; y más traumatizante fue regresar a Poza Rica flaco, cansado, ojeroso y sin ilusiones, como dice una deprimente canción, ocupando una silla de ruedas,  con solo tenía 22 años, destrozados mis sueños de trabajar en el periodismo cultural, llevarla a vivir a Europa y de ahí andar por todo el mundo, solo por una enfermedad invalidante, crónica, progresiva y degenerativa.

Entonces, pasó a ser con dignidad mi doctora, enfermera, psicóloga, terapeuta, pastora, confidente, consumí sus últimos años de madurez y los primeros de su ancianidad, sacándome del abatimiento en que caí y buscando de norte a sur la salud tan anhelada, con su paciencia y ternura me regresó al amor de Cristo y comenzamos otra etapa aún más feliz y satisfactoria, porque estar del lado de Cristo es lo mejor que te puede suceder. Doy gracias a Dios que usó esta enfermedad para rescatarme del fango, del diazepam, lexotan y similares. 

Han pasado 34 años de que no camino, toda esa vida junto a mi madre fue maravillosa, disfruté a mis padres en su ancianidad, reímos, cantamos, platicamos,  precisamente este primero de febrero, mi padre cumplió 3 años en que bajó al descanso, ambos aceptaron desde hace muchos años a Jesucristo como su único y suficiente salvador,  vivimos contentos en sus caminos.


Ahora que sufro por sus separaciones, Cristo está a mi lado, deja correr mis lágrimas y las cambia con un abrazo cálido,  lleno de consuelo y esperanza, me refugio otra vez en mi Salvador, que me recuerda con voz firme: __”Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque muera, vivirá.” Juan 11: 25. Yo lo creo, y recuerdo otra promesa: El Señor descenderá del cielo, y mis viejitos resucitarán primero, luego nosotros los que vivimos, ascenderemos juntamente con ellos a las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor, y por fin acudiré a la cita con ellos: nos veremos junto al río. Amén.

domingo, 1 de enero de 2017

Inicia el Año 2017.

Por Joel García Cobos.

Inicia un año más, y la mayoría de las personas nos preguntamos qué va a pasar en él. No pinta nada bien, en nuestro país y en muchos otros hay mucho desempleo, inseguridad, pobreza, impuestos altos, leyes injustas que oprimen al pueblo, y en contraste, gobernantes que cada día son inmensamente acaudalados, déspotas y sin amor ni compasión. En la naturaleza, hay cada vez más terremotos, incendios, inundaciones, deslaves y erupciones de volcanes. Hay paises en guerra, terrorismo, gobiernos sangrientos y tensiones en las relaciones políticas entre las naciones.

A pesar de todo esto, los que esperamos el inminente regreso de Jesucristo no debemos estar tristes ni temerosos, pues son señales del próximo retorno de Jesucristo. Debemos aferrarnos a sus promesas por estos tiempos difíciles que cada día se pondrán peor, y el cumplirá su promesa, un día, común y corriente ÉL llegará, nos llevará consigo por mil años, y luego establecerá su reino eterno de amor.

Jehová quiera que sea en este 2017. Amén.


lunes, 21 de noviembre de 2016

La viuda de Naín.

Por Joel García Cobos.

Jesús andaba recorriendo los pueblos y aldeas de Galilea, en esta ocasión anduvo 9 kilómetros de Nazaret a la aldea de Naín, en la ladera agradable del monte Moré, lo seguían sus discípulos y una enorme multitud.  Muy cerca de la puerta, otro gran contingente salía, una destrozada viuda iba en camino a sepultar a su hijo, su único hijo. El llanto desgarrador de las plañideras aumentaba el dramatismo a la desgarradora escena. Todos se compadecían del presente de la mujer anciana, pero en el fondo les aterraba aún más su futuro de mendicidad y sin esperanza.

Jesús se detuvo ante tal escena,  se conmovió profundamente y miró con amor a la atribulada mujer que caminaba detrás del féretro como dormida, quebrantada por el dolor, la Fuente y Dador de la vida se encontró frente a sí a la muerte resultado de la transgresión edénica, caminó hacia la mujer  y clavó sus ojos en los de ella inflamados por tantas horas de llanto, sintiendo un gran dolor por su dolor le dijo: __”Mujer, no llores. Solo cree.” 

Luego, con paso decidido caminó otros pasos y alcanzó el féretro, al tocar el rústico mueble, los hombres se detuvieron de inmediato y lo colocaron sobre el suelo, Jesús se acercó al rostro del muchacho ya rígido, le  habló con voz potente y llena de autoridad: __” Muchacho, te ordeno que te levantes.”

Las plañideras y  cantores escucharon la sentencia y la recibieron como un latigazo de  energía recorriendo todo su cuerpo, de inmediato cesaron y se quedaron expectantes a lo que haría ese sencillo hombre del cual todos hablaban, se escuchó un murmullo que fue creciendo, el joven abrió lentamente los ojos, parpadeó varias veces deslumbrado por la claridad,  vio al hombre moreno parado frente a él que le sonreía y le tendía la mano, al asirse de ésta, el muchacho dijo unas palabras que se perdieron en el barrullo que cada vez  iba en aumento.

Los discípulos de Jesús llegaron con presteza,  ayudaron al mancebo a desataron de las ataduras mortuorias, la madre corrió y fue testigo de sus incipientes y torpes movimientos con los que volvía a la vida, lo abrazó y lo besó en repetidas ocasiones, primero con una expresión de estupefacción seguida de una inmensa alegría,  Jesús también sonreía, los abrazó y con una expresión  de manos le dijo: __”Aquí está tu hijo.”

Una ola de alabanzas se escuchó en el confín, unos se arrodillaban en silenciosa reverencia, otros daban de saltos y gritaban: __”Bendito el que viene en el nombre del Señor; otros más decían: __”Dios ha visitado a su pueblo” unos exponían que era un gran profeta, otros que era el Mesías.  



Recreación basada en: Evangelio de Lucas 7: 11 al 17.

Ilustración tomada de: https://www.google.com.mx/search?q=la+viuda+de+nain&biw=1424&bih=767&source=lnms&tbm=isch&sa=X&sqi=2&ved=0ahUKEwjdntuk67rQAhULiFQKHUPeC1cQ_AUIBigB&dpr=1#imgrc=1rublAAn7VihUM%3A



martes, 30 de agosto de 2016

Las Bienaventuranzas del Sermón del Monte.

Por Joel García Cobos.

Durante estos 2 mil años, el Sermón del Monte ha permanecido inalterable como el principal y más poderoso discurso de Jesucristo, aún los no creyentes encuentran en él los principios elevados de un gran filósofo y del más grande maestro de todos los tiempos.

Jesús reunió a sus discípulos, muy de mañana en la playa, pero muy pronto fueron llegando hileras de caminantes de las diversas regiones de la nación israelita, como Galilea, Judea, Perea, Decápolis, y de la lejana Idumea, incluso extranjeros de Tiro y Sidón hasta formarse una  multitud, al quedar insuficiente la estrecha playa, Jesús  los condujo al pie de  la montaña donde podrían escuchar mejor.

En el trayecto, cada quién caminaba con sus pensamientos más íntimos y con el concepto que tenían del Nazareno, la mayoría deseaba ser sanada de sus enfermedades, otros anhelaban que ese hombre que hacía asombrosos milagros fuera el Mesías y anunciara la restauración del legendario y glorioso reino de David; los pobres anhelaban les levantara la pesada servidumbre,  algunos iban por curiosidad y unos pocos para escuchar su sabiduría.


Jesús al verlos expectantes recostados sobre la yerba tuvo compasión de ellos, reconoció en sus cuerpos y rostros maltrechos la degradación humana, la carrera de la explotación y el egoísmo producto del pecado.  Jesús inició su discurso con las Bienaventuranzas.


"Felices los que tienen alma de pobres: a ellos les pertenece el Reino de los Cielos.
Felices los afligidos: serán consolados. 
Felices los pacientes: recibirán la tierra en herencia.
Felices los que tienen hambre y sed de justicia: serán saciados.
Felices los misericordiosos: obtendrán misericordia.
 Felices los que tienen el corazón puro: verán a Dios.
 Felices los que trabajan por la paz: serán llamados hijos de Dios. 
Felices los que son perseguidos por practicar la justicia: 
a ellos les pertenece el Reino de los Cielos. 
Felices ustedes, cuando sean insultados y perseguidos, 
y cuando se los calumnie en toda forma a causa de mí. 
Alégrense y regocíjense entonces: 
ustedes tendrán una gran recompensa en el cielo;
 de la misma manera persiguieron a los profetas que los precedieron.”


Estas palabras de Jesús continúan dando esperanzas a todo aquel que quiera ser ciudadano del reino, no es una nueva ley, es ley y gracia juntas, el verdadero significado de su carácter. Jesús se complace con quienes reconocen el derecho que tiene a gobernar, aunque en la práctica, no alcanzan la meta de la perfección moral, pero tienen en él la fuente del poder y la vida eterna.



Estemos siempre contentos, Jesús es Felicidad.
                                                                                           



           






viernes, 17 de junio de 2016

elreyquevieneya: La religión judía.

elreyquevieneya: La religión judía.: Por Joel García Cobos. Hay en el mundo  hay solo tres religiones monoteístas y reconocen a Jesucristo. El Judaísmo, la más antigua...

La religión judía.


Por Joel García Cobos.

Hay en el mundo solo tres religiones monoteístas y reconocen a Jesucristo. El Judaísmo, la más antigua  de las 3, el Cristianismo y el Islam, esta última solo tiene a Jesús como un profeta y  no  como Dios. Las 3 tienen a Abraham como Padre de su fe. Las demás religiones adoran a muchos dioses.  

Aunque la promesa del Mesías, fue dada a Adán y por lo tanto a toda la raza caída,  curiosamente el judaísmo se dio  a sí mismo la misión de esperarlo,  pero es muy lamentable su error, pues creían que vendría como un poderoso y soberbio guerrero que los salvaría de la opresión del Imperio Romano, y restauraría su religión, sus tradiciones  y su nación, con lo cual volverían a los años de esplendor de su inolvidable rey David.

Error que la humanidad ha pagado. De la nación judía nacería el Mesías, pero no venía a beneficiarlos solo a ellos,  esperaban un beneficio material, al no ser así rechazaron el don espiritual creyendo que así siguiera viviendo su nación. El Mesías se ofreció al hombre que se reconocía  pecador  y que necesitaba a un Salvador. Los judíos por sentirse descendientes de Abraham decían que no eran pecadores, por lo tanto  no   necesitaban al Cordero pascual.

Jesucristo no es una religión ni pertenece a ninguna nación en especial, el vivir a la altura de nuestro Creador se ha confundido con rituales y esplendores, en el evangelio de  Juan 1: 17  dice que la vida eterna es conocer a Dios y a Jesucristo a quien Él ha enviado. Dios quiere adoradores personales, que lo necesiten en su vida cotidiana, hablar con ellos cara a cara, ahí están los ejemplos de Abraham, Isaac y Jacob que le cambió el nombre a Israel, ellos platicaban con él, le  decían que querían  un hijo, que  tenían miedo, calor o frío. En el mejor  de los casos, los descendientes fieles de estos 3 varones, transmitieron sus ordenanzas pero sobre todo sus experiencias personales a las nuevas generaciones.  En este mismo grupo de triunfadores está Moisés, que también  platicaba con él.

El esperar al Mesías, era tan solo una parte del pacto de Dios con Adán,  con ellos 3, con Moisés  y  todo el pueblo. La otra mitad era que serían una nación santa, de sacerdotes, y al transmitir esas vivencias a los pueblos vecinos, tantas maravillas, darían a conocer a ese Dios amoroso y todopoderoso a todas las naciones del planeta para que se convirtieran y lo esperaran.

Pero los judíos perdieron la brújula, se volvieron idólatras, egocéntricos y excluyentes, mataron a todos los profetas que Dios les envió para enderezar su camino,  no esperaron al Mesías, desde entonces esperan  al Anticristo, y al venir hasta lo mataron, Dios en su misericordia cumplió su pacto, vino a hacer tantos milagros a ellos, en su territorio.

Pero  al rechazarlo, les dio una prueba definitiva que Él también los desechaba por completo como nación. Jesús se los dijo primero en parábolas  como el árbol que no da frutos, luego con todas sus letras cuando lloró por Jerusalén y  afirmó que les dejaba la ciudad desierta. También con simbolismos, al morir Jesús, el hermoso velo del templo que dividía el lugar Santo del Santísimo se rompió de arriba hacia abajo; Se quedaron atónitos y horrorizados los sacerdotes oficiantes y la muchedumbre participante, con el ruido y la confusión, el cordero pascual que estaba por ser inmolado desapareció, en lugar de este solemne rito, densas tinieblas aparecieron desde las 12 del día, actuando sobre sus ennegrecidas conciencias. El mensaje estaba claro. La viña fue dada a otros,  ya no era necesario seguir con los ritos del sacrificio, pues él finalmente murió, cumplió el Pacto, la promesa  de su Padre, con ejemplar exactitud.

Si no quisieron comprender el cumplimiento de tantos siglos de espera,, era responsabilidad de ellos, pues cerraron los ojos y lo negaron y rechazaron, como en nuestros días.