miércoles, 9 de agosto de 2017

Notas de Elena: La ley como nuestro tutor.

Miércoles 9 de agosto: La ley como nuestro tutor


El pecado no mató a la ley, sino que mató la mente camal en Pablo. “Ahora estamos libres de la ley —declara él—, por haber muerto para aquélla en que estábamos sujetos, de modo que sirvamos bajo el régimen nuevo del Espíritu y no bajo el régimen viejo de la letra” (Romanos 7:6). “¿Luego lo que es bueno, vino a ser muerte para mí? En ninguna manera; sino que el pecado para mostrarse pecado, produjo en mí la muerte por medio de lo que es bueno, a fin de que por el mandamiento el pecado llegase a ser sobremanera pecaminoso” (Ro-manos 7:13). “De manera que la ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno” (Romanos 7:12). Pablo llama la atención de sus oyentes a la ley quebrantada y les muestra en qué son culpables. Los instruye como un maestro instruye a sus alumnos, y les muestra el camino de retomo a su lealtad a Dios.

En la transgresión de la ley, no hay seguridad ni reposo ni justificación. El hombre no puede esperar permanecer inocente delante de Dios y en paz con él mediante los méritos de Cristo, mientras continúe en pecado. Debe cesar de transgredir y llegar a ser leal y fiel… Pero sabe que la ley no puede, en ninguna forma, quitar la culpa ni perdonar al transgresor. Debe ir más allá. La ley no es sino el ayo para llevarlo a Cristo. Debe contemplar a su Salvador que lleva los pecados. Y cuando Cristo se le revela en la cruz del Calvario, muriendo bajo el peso de los pecados de todo el mundo, el Espíritu Santo le muestra la actitud de Dios hacia todos los que se arrepienten de sus transgresiones. “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16) (Mensajes selectos, t. 1, p. 250).

Muchos dan por sentado que son cristianos simplemente porque aceptan ciertos dogmas teológicos. Pero no han hecho penetrar la ver-dad en la vida práctica. No la han creído ni amado; por lo tanto no han recibido el poder y la gracia que provienen de la santificación de la verdad. Los hombres pueden profesar creer en la verdad; pero esto no los hace sinceros, bondadosos, pacientes y tolerantes, ni les da aspiraciones celestiales; es una maldición para sus poseedores, y por la influencia de ellos es una maldición para el mundo.

La justicia que Cristo enseñaba es la conformidad del corazón y de la vida a la voluntad revelada de Dios. Los hombres pecaminosos pueden llegar a ser justos únicamente al tener fe en Dios y mantener una relación vital con él. Entonces la verdadera piedad elevará los pensamientos y ennoblecerá la vida. Entonces las formas externas de la religión armonizarán con la pureza interna del cristiano. Entonces las ceremonias requeridas en el servicio de Dios no serán ri-tos sin significado como los de los hipócritas fariseos.

Jesús consideró los mandamientos por separado, y explicó la profundidad y anchura de sus requerimientos. En vez de quitarles una jota de su fuerza, demostró cuán abarcantes son sus principios y des-enmascaró el error fatal de los judíos en su demostración exterior de obediencia (El Deseado de todas las gentes, p. 276).


lunes, 7 de agosto de 2017

Notas de Elena “Confinados bajo la ley”


Notas de Elena | Lunes 7 de agosto 2017 | “Confinados bajo la ley” | Escuela Sabática
Lunes 7 de agosto: “Confinados bajo la ley”


No hay otro camino para la salvación del hombre. Dice Cristo: “Separados de mí nada podéis hacer” (Juan 15:5). Mediante Cristo, y solo mediante él, las fuentes de la vida pueden vitalizar la naturaleza del hombre, transformar sus gustos y hacer que sus afectos fluyan hacia el cielo. Mediante la unión de la naturaleza divina con la humana, Cristo podría iluminar el entendimiento e infundir sus pro-piedades dadoras de vida al alma muerta en delitos y pecados.

Cuando la mente es atraída a la cruz del Calvario, en una visión imperfecta, Cristo es discernido en la vergonzosa cruz. ¿Por qué murió? A consecuencia del pecado. ¿Qué es pecado? La transgresión de la ley. Entonces se abren los ojos para ver el carácter del pecado. La ley es quebrantada pero no puede perdonar al transgresor. Es nuestro ayo, que condena al castigo. ¿Dónde está el remedio? La ley nos lleva a Cristo, que pendió de la cruz para que pudiera impartir su justicia al hombre caído y pecaminoso y así presentar a los hombres ante su Padre en su propio carácter perfecto (Mensajes selectos, t. 1, p. 400).

La sofistería de Satanás consiste en hacer creer que la muerte de Cristo trajo la gracia que reemplazó a la ley. La muerte de Cristo no cambia o anula o debilita en el menor grado la ley de los diez mandamientos. Esa preciosa gracia ofrecida al hombre por medio de la sangre de Cristo, establece la ley de Dios. Desde la caída del hombre, el gobierno moral de Dios y su gracia son inseparables. Van de la mano a través de todas las dispensaciones. “La misericordia y la verdad se encontraron: la justicia y la paz se besaron” (Salmo 85:10).

La obediencia a sus estatutos y leyes constituye la vida y la prosperidad de su pueblo.

La influencia de una esperanza evangélica no inducirá al pecador a considerar la salvación de Cristo como un asunto de libre gracia, mientras continúa viviendo en transgresión a la ley de Dios… Reformará sus caminos, llegará a ser leal a Dios por medio de la fortaleza obtenida de su Salvador, y vivirá una vida pura y nueva (The Faith I Live By, p. 89; parcialmente en La fe por la cual vivo, p. 91 y La maravillosa gracia de Dios, p. 144).

Al hablar a los gentiles, Pablo ensalzaba a Cristo, presentándoles luego las imposiciones vigentes de la ley. Demostraba cómo la luz reflejada por la cruz del Calvario daba significado y gloria a toda la dispensación judaica.

Así variaba el apóstol su manera de trabajar, y adaptaba el mensaje a las circunstancias en que se veía colocado. Después de trabajar pacientemente, obtenía gran éxito; aunque eran muchos los que no querían ser convencidos. Algunos hay hoy día que no serán convencidos por ningún método de presentar la verdad; y el que trabaja para Dios debe estudiar cuidadosamente los mejores métodos, a fin de no despertar prejuicios ni espíritu combativo (Obreros evangélicos, p. 124).


Himno: El Rey que viene cerca está